Te dejamos ahora con una buena historia sobre Macchu Pichu, que de buen seguro te sorprenderá.

Ocurrió a media mañana. Acabábamos de llegar a lo alto más de la colina cuando saqué la cámara para empezar a grabar. La vista sobre el sector agrícola del santuario de Macchu Pichu es absolutamente maravillosa. Pero la paz de ese momento se rompió cuando, de repente, escuchamos un desagradable zumbido.

Al principio no sabíamos de qué se trataba. ¿Sería un helicóptero de rescate? ¿Una libélula? ¿O quizá el típico turista graciosillo? Desgraciadamente, no era nada de eso. El dichoso zumbido lo provocaba ni más ni menos que.. ¡un cojeo con alas! Bueno, para ser exactos, un conejo con alas, antenas, casco de piel y gafas de aviador estilo vintage.

En aquel momento pensé que aquello debía ser una visión, una alucinación producida por el cansancio o por la altitud. Pero no. Porque cuando aquel conejo volador se plantó delante de mi, mirándome fijamente a los ojos, comprendí que era real. Preocupantemente real. No sé quien inventó la célebre frase: “la realidad supera la ficción”, ¡pero tiene más razón que un santo! De hecho, aquel día, la realidad superó en tanto a la ficción que entré en una especie de shock (¡que queréis, no cada día me acechan conejos voladores!).

A partir de ahí, sólo recuerdo que perdí el conocimiento y que me levanté al cabo de unos minutos. Ya no quedaba ni rastro de aquel bicho. Aunque, eso sí, dejó en mi brazo un recuerdo en forma de picadura. Por suerte, llevaba un tubito de Afterbite en la mochila y lo solucioné en un momento. Después del curioso incidente con el “abejonejo” todo ha vuelta a la normalidad y los conejos vuelven a ser sólo conejos y las abejas vuelven a ser son sólo abejas. Aunque yo, por si acaso, sigo teniendo cerca un tubito de Afterbite.

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