La actual oferta turísta de Cuba permite, entre otras muchas cosas, sentirse un privilegiado y gozar de ciertos placeres, hasta hace poco tiempo sólo accesibles para las clases más adineradas.

Foto: Flickr.com

Uno de estos placeres es poder pescar y comerse una langosta en una pequeña embarcación rodeados por las transparentes aguas del Mar del Caribe, viendo a escasa distancias las palmeras y cocoteros de las playas de arenas blancas.

Uno de esos lugares en los que tus dólares serán bien recibidos y te ofrecerán una experiencia de la que no puedes disfrutar todos los días es Cayo Largo, una pequeña isla al sur de la gran isla de Cuba.

Allí puedes ir en avión desde La Habana para pasar una jornada de playa o alojarte en algunos de sus muchos hoteles, donde lo que prima es el todo incluido, convirtiéndose en el contrapunto meridional al famoso Varadero.

En Cayo Largo, podrás embarcar en una especie de yate, rodeado por aproximadamente una docena de viajeros de distintas procedencias, y el capitán del barco os llevará a ciertos puntos del mar donde poder hacer snorkel y de paso recoger las jaulas ya preparadas para pescar diariamente langostas.

Una vez subidos a la cubierta del barco los mariscos, te las harán a la plancha, te las podrás comer bebiendo mojitos o cuba libres mientras estás tumbado en la proa del barco, creyéndote por momentos que la nave es tuya y que el mar que estás contemplando lo puedes navegar a tu antojo. Disfruta de esa experiencia momentánea, ya que no deja de ser un lujo, que lamentablemente tardarás en repetir.

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