Quién haya viajado a La Habana, sabe de qué estoy hablando. Desde el primer día que sales de tu hotel y te dispones a dar un paseo por el Malecón o camino de la Catedral, al poco rato de ir andando se os acerca un joven y se os ofrece para enseñaros la ciudad, llevaros a una cabina telefónica o si teneis hambre, él sabe el mejor sitio para darse un banquete a muy buen precio.

Foto: Flickr.com

La simpatía le rebosará por todos su poros y sus ganas de hablar os parecerán infinitas. Por supuesto, os dirá que te va a guiar porque le apetece enseñarte La Habana y que no te cobra nada por ello. Que él es tu salvación para no perderte, para que no te pase nada malo y para que te lo pases lo mejor posible.

Desde luego te va a llevar a todos los sitios y servicios que le pidas. Si quieres tomar un mojito o una cerveza Cristal, te llevará al mejor bar. Si es de noche, él te hará entrar en los mejores locales. Y si lo que quieres es comer una langosta o un plato de arroz moros y cristianos, él conoce a la dueña del mejor paladar, esos restaurantes en casas particulares, de los que hay legales y otros no tanto.

MI consejo es que seas amable con él y esperar que tengas suerte y sea una buena persona y no quiera abusar de tu cartera en exceso. Porque obviamente lo que busca es que tras pasar la mañana, e incluso todo el día contigo le des dinero, le invites a comer y a echarte unos tragos con él. Es su forma de ganarse la vida.

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